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Aranjuez, Real Sitio y Villa, una plaza sellada por la monarquía española

Felipe II comenzó la transformación de este lugar de caza en un rincón íntimo, de residencia, creando un paisaje para pasear entre espléndidos jardines

Palacio Real

Real Casa del Labrador

Plaza de Toros

El paisaje de Aranjuez empezó a dibujarse tal como se conoce actualmente durante el reinado de Felipe II, en la Corte de los Borbones, con sus canalizaciones para el regadío, el trazado de sus avenidas, jardines y plazas. El cambio de paisaje de la villa madrileña fue debido a la elección de los Monarcas de trasladar la Corte a Aranjuez durante todas las primaveras y hasta el año 1890.

Los paseos en falúa de la Reina Bárbara de Braganza, y la caza, que dada la abundancia de Aranjuez, se convirtió en entretenimiento común para los reyes. Esta villa gozaba y lo continúa haciendo de unas condiciones excepcionales para el entretenimiento y el descanso.

El territorio en el que se desarrolla Aranjuez es peculiar en varios sentidos: se emplaza en la confluencia de dos ríos, contrastando con la aridez de los alrededores. Se sitúa entre la cuesta de suave pendiente de la margen derecha del Tajo y los altos escarpes yesíferos del borde de la Mesa de Ocaña a su izquierda, y se asienta sobre materiales, provenientes en su mayoría de los aluviones del río.

El desarrollo urbano de Aranjuez ha estado vinculado históricamente a la monarquía española. Comenzó siendo un eficiente bosque cinegético, elegido por los Austrias como uno de los enclaves más importantes de su conjunto de Reales Sitios.

Felipe II comenzó la transformación de este lugar de caza en un rincón íntimo, un lugar de residencia donde crear un paisaje para pasear entre espléndidos jardines. Para ello, además de iniciar la construcción del palacio, se acometieron importantes obras hidráulicas que conservan en buena medida su utilidad, domeñando las aguas y encauzándolas para la irrigación de huertas, paseos y extensos jardines.

CIUDAD BARROCA

Aranjuez como ciudad no existe hasta mediados del siglo XVII, a partir del momento en el que Fernando VI revocó la prohibición de asentamiento, impulsando la elaboración de un plano de fundación coherente con las líneas geométricas ya trazadas en los caminos, paseos, cultivos, bosques y jardines.

Tomando como punto de referencia el Palacio, a partir de aquellas trazas geométricas y radiales, se generó otra trama reticular y ortogonal, compendio de los logros del uso de la perspectiva y la proporción, logrando una organización racional del espacio para el crecimiento planificado de la ciudad barroca e ilustrada, perfectamente integrada en el territorio.

PALACIO REAL

La construcción del Palacio Real de Aranjuez fue iniciativa de Felipe II, donde intervinieron los mismos arquitectos que trabajaron en El Escorial, y finalizando con el reinado de Fernando VI.

El Palacio Real de Aranjuez, es uno de los edificios que sufrió mayores restauraciones e incendios en toda España, pese a ello, conserva un notable diseño, donde se combinan elementos tardorrenacentistas, barrocos y neoclásicos.

En su interior que luce decoración del siglo XVIII, se destacan el Salón de las Porcelanas que deslumbra por su riqueza, pero la nota exótica la brinda el Salón Árabe, que es una réplica de la Sala de las Dos Hermanas de la Alhambra. Entre otros tantos sectores para visitar, encontramos el Museo de la Vida en Palacio, con la mayor muestra de trajes reales de España y curiosas piezas de la vida cotidiana.

Globo aeroestático

Palacio Real

La actual decoración del palacio recoge sobre todo aportaciones del siglo XVIII, entre las que destacan el Gabinete de Porcelana y el Salón de Espejos. En las dependencias de la planta baja se encuentra el Museo de la vida en Palacio con curiosas piezas sobre la vida cotidiana en las Residencias Reales.

En la visita es recomendable pasear por su jardín, conocido como Jardín de La Isla, rodeado por el Tajo y por un canal del mismo, la ría, que lo separa del palacio. Está enriquecido con fuentes de los siglos XVI y XVII, en su mayoría italianas. En conjunto es el jardín español más importante y característico de la Época de los Austrias.

REAL CASA DEL LABRADOR

Durante el siglo XVIII los Reyes de España enriquecieron el Real Sitio de Aranjuez con renovaciones y obras nuevas. Entre las más importantes está el extenso jardín del Príncipe, con sus obras arquitectónicas, como las puertas de acceso al jardín, la fuente de Apolo o el estanque con sus templetes clásico y chinesco, diseñados por Juan de Villanueva, que también edificó el palacete conocido como Casa del Labrador. Aquí se conserva uno de los conjuntos neoclásicos más importantes de Europa.

Esta Real Casa, a diferencia de las "casitas" hechas para el mismo Carlos IV siendo Príncipe, no obedeció a un proyecto arquitectónico coherente y preconcebido, sino que es el resultado de un proceso constructivo de más de diez años. La delicadeza de su diseño no se corresponde con la endeblez de los cimientos y materiales, y con la despreocupación con que se levantaron las partes nuevas sin trabarlas bien con las ya levantadas.

Colaboraron en su creación el arquitecto mayor Juan de Villanueva, sus ayudantes Antonio López Aguado y, sobre todo, Isidro González Velázquez, y también el decorador francés J. D. Dugourc. Es difícil definir hasta qué punto la segunda fase constructiva de la Casa es responsabilidad de Velázquez solo o vinculado al maestro, y si Villanueva tiene alguna parte en la decoración de los interiores.

La construcción de la Casa, iniciada antes de 1791 y concluida en 1803, presenta dos fases claramente diferenciadas. La primera, de la que Villanueva es único autor indiscutible, consistió en levantar un edificio de planta rectangular, el actual cuerpo principal con planta baja principal y ático, sin decoración exterior y con el aparejo de ladrillo y cajas de mampostería visto. Así aparece en las dos vistas de la Casa "tal como se encontraba en 1798", obra de Isidro González Velázquez. La segunda fase, que se llevó a cabo entre 1799-1800 y se remató con la reforma general de toda la articulación exterior de las superficies en 1803, supuso la construcción de dos alas, formando un patio de honor con dos pórticos de arcos rebajados, en granito, y sendas terrazas sobre ellos. Por el pórtico de la derecha los coches podían salir al otro lado de la Casa, atravesando un zaguán inmediato a la escalera de servicio.

En el Patio de Honor, cuyos pórticos de cantería se estaban construyendo de acuerdo con los diseños de Villanueva en julio de 1800, podemos observar todo el preciosismo decorativo de la ornamentación exterior, llevada a cabo en 1803 como atestigua la inscripción del frontis: almohadillado a base de bandas horizontales en el piso bajo, hornacinas con esculturas y guardapolvos sobre los balcones en el principal y guirnaldas de flores con "putti" en el ático. Pero las superficies que vemos ahora no son ya las originales, pues los yesos llegaron muy maltratados al siglo XX, y fueron sustituidos en piedra falsa chapada por R. Martín Gamo durante la restauración de 1964-1968.

La escalera principal, que se realizó en 1799, es una obra riquísima de mármoles, bronce y caoba. Villanueva hubo de seguir aquí los diseños de Dugourc, que se inspiró en la que Brogniart había realizado en 1787 para el hotel parisino del Príncipe de Masserano, embajador de Carlos IV. El encanto del movimiento que sugieren sus dos tiros semicirculares se disfruta al llegar al rellano principal, cuyos elementos escultóricos se deben a Hermenegildo Silici.

El Salón del Rey, o Sala de Billar, cuya mesa parece ser ya fernandina, tiene la bóveda pintada al fresco por Maella en 1799, con los cuatro elementos. Destaca la espléndida colgadura tejida en Lyon con vistas de Madrid y los Sitios Reales, curiosísimas, enmarcadas en ornamentación que se inspira en las logge di Raffaello vaticanas, y característica del sutil paso del gusto "etrusco" al Imperio, al igual que la chimenea, de mármol blanco y adornos de cristal pintado y dorado.

La Saleta de la Reina está adornada con una riquísima colgadura de seda realizada en 1803 por el bordador de Cámara del Rey, Juan López de Robredo, con camafeos ovalados, pájaros, grecas, guirnaldas y otros motivos del repertorio herculanense sobre fondo crema. El techo, con Orfeo y Eurídice entre adornos pompeyanos, es de Manuel Pérez.

Templete chinés

Iglesia de Alpajes

La saleta del ángulo, con colgadura de seda lionesa tejida por Pernon, zócalo con mariposas pintadas y techo de Juan Duque, con pájaros orientales y las armas de España, está amueblada con un conjunto de consolas y rinconeras, sobre las cuales hay relojes y jarrones franceses del primer tercio del siglo XIX.

El Salón Principal o de Baile es el mayor de la Casa, y su suelo tampoco es de mármoles, sino entarimado. La bóveda empezó a pintarla Bayeu pero la acabó Maella, que la firmó en 1792, con El poder de la Monarquía Española en las Cuatro Partes del Mundo, con varias alegorías del Comercio, la Agricultura, la Industria, las Ciencias y las Artes en torno a la figura de España.

El mobiliario, con ricas consolas y asientos poblados de leones, es ya del reinado de Fernando VII, salvo el monumental reloj con música de órgano y timbales, realizado entre 1798 y 1804 según diseños de J.B. Ferroni, que es de la época de Carlos IV, como el resto del suntuoso conjunto decorativo. La colgadura de seda tejida en Lyon por Pernon, siempre según los diseños de Dugourc, representa, en color "rojo etrusco" sobre fondo amarillo, motivos pompeyanos tomados de las Antigüedades de Herculano -bailarinas, sátiros danzantes, Júpiter y Juno- alternados de modo que produzcan variedad. Al mismo repertorio corresponden los adornos de la delicada chimenea de mármol con incrustaciones.

MUSEO DE FALÚAS REALES

La casa-museo de marinos fue levantada en las cercanías del embarcadero del jardín del Príncipe en recuerdo a las actividades realizadas a lo largo del siglo XVIII y como albergue y conservación de las falúas que compusieron la flota del Tajo, y de las embarcaciones regaladas a los reyes en diversas ocasiones.

Destacamos las más interesantes siguiendo un orden cronológico. En primer lugar, la falúa que perteneció a Carlos IV, construida en Cartagena, y decorada por Maella en toda la línea de flotación con los escudos de todas las provincias españolas. En la proa hay una figura de titán pisando una ostra, y en popa el escudo de España coronado. En cada una de las esquinas está representada una fama con trompeta, que sostiene parte del toldo de la cámara regia.

La falúa de Fernando VII tiene una graciosa forma de cuna con la figura de San Fernando, y fue también una realización cartagenera. La cuarta esposa de Fernando VII, María Cristina, tiene una embarcación en forma de templete con la parte más alta tallada y dorada. Es posible que sea obra de artistas valencianos. En su popa se puede contemplar el escudo de España. Se conserva también la gran falúa de Isabel II, obsequio de la ciudad de Mahón en 1861, y la que perteneció a Alfonso XII, regalo de, la ciudad de El Ferrol en 1879. Finalmente hay una enorme góndola con la cabina central en forma de templete en tonos oro verde, regalada posiblemente por un veneciano a Felipe V. Fue restaurada por Amadeo de Saboya, que hizo de ella una boya fija en el centro de un estanque, el mismo uso parece que le dio Alfonso XII.

El museo se completa con pinturas, que hacen referencia a la escuadra española en 1879, un juego de cañones de bronce procedentes del reinado de Fernando VI, aparejos y útiles de navegación que adornan las paredes, y testimonios de flora y fauna que existió en los primeros tiempos del jardín del Príncipe.

PLAZA DE TOROS

La construcción de la plaza de toros de Aranjuez, una de las tres más antiguas de España, fue muy rápida, tan solo tardaron 9 meses. Corresponde al año 1797. Tiene, por lo tanto 213 años de historia y de uso, y comparte singularidad con la de Ronda y con la Maestranza, de Sevilla. Las gradas y andanadas son de una belleza única. Tiene 192 palcos de madera, más el palco Real.

Además de ser una plaza histórica artística es una plaza Real. La mandó construir el rey Carlos IV. Real, por que se hizo con el dinero de las arcas de los reyes. Su ruedo es uno de los más grandes de España. Le superan pocas; Las Ventas, de Madrid, y el Puerto de Santa María. Al tener tan poca altura la plaza, la perspectiva de visión es privilegiada; más que ver se siente.

La arena que cubre el ruedo (albero) se trae de las minas de Alcalá de Guadaira, la que le da este color especial a la plaza. Éste contrasta con los colores que lucen los palcos y gradas, oro y grana, colores muy taurinos. El aforo es de 8.800 personas. Para entender un poco la importancia de la plaza, hay que tener en cuenta que en Aranjuez habitaban 4226 personas. Al ser una plaza real, aquí venían los reyes, la corte y todos las personas que seguían a esta.

La importancia que tiene esta se demuestra cuando en mayo, por san Fernando, la fiesta taurina de san Isidro de Madrid baja el listón con motivo de la celebración de la corrida en honor al patrón de Aranjuez.

La ciudad de Aranjuez es Paisaje Cultural Patrimonio Mundial por la UNESCO desde 2001. Toda una joya de la arquitectura y del paisaje.

Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Aranjuez
Antigua Carretera de Andalucia s/n
Tel: 91 891 04 27
Fax: 91 891 41 97
Tel: 689 653 101 para reserva de globo aeroestático
28300 Aranjuez
(Madrid)
E.mail: infoturismo@aranjuez.es
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Enric Ribera Gabandé
E.mail: riberaenric@telefonica.net
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Fotos: Pilar Rius




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