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El Castillo de Drácula no ha existido nunca

Enric Ribera Gabandé

Castillo de Bran

Figurantes en el Castillo de Bran

Rotundamente. No existe ningún castillo del Conde Drácula. Ni en Rumanía, ni en Transilvania, ni en Balahia, ni en Europa. ¿Porqué le llaman al Castillo de Bran el Castillo del Conde Drácula, que tanto turista recluta cada año venido de medio mundo? Abraham Stoker, novelista nacido en Clontarf (Irlanda), autor de la famosa novela sanguinaria y de terror Drácula, escrita en 1897, conocido con el seudónimo de Bram Stoker, tenía terminada esta novela a finales del siglo XIX, pero carecia de título para esta. Viajaba y viajaba por el viejo continente en busca de alguna pista que le abriera la luz a este pretendido encabezamiento de su nuevo libro.

Convertido en rata de biblioteca, recaló en la Biblioteca Nacional de Bucarest y se le encendió la luz cuando pasó por sus ojos el nombre del hijo del Príncipe rumano Mirceo el Viejo, Vlad Dracul. “Me gusta el nombre de Dracul para mi libro”, comentó el escritor irlandés. Lo tomó, lo hizo suyo y lo encabezó en la portada de su volumen.

Vlad Dracul, de joven, fue a estudiar a Hungría y durante su estancia en este país, le hicieron miembro de la Orden de los Dracones hungareses. Cuando retornó a su feudo y quiso traducir a su idioma la palabra dragón se percató que esta no existía. Consciente del tema en cuestión, el personal académico en busca de una solución al problema, realizó una adaptación o conversión dialéctica, pasando la expresión dragón a la de dracul. Como era hijo del príncipe Mircea el Viejo, a los apodos en Rumanía a la clase monárquica siempre se le añadía por tradición una “a”. Por lo tanto, Dracul se convertía automáticamente en Drácula.

Pero como se entiende que el libro de Stoker llevara el nombre de conde, cuando en el país de los Cárpados nunca ha existido este título nobiliario, sí el de príncipe. Bueno, esto fue una mezcolanza de conde, muy habitual en Hungría, por su estancia durante la juventud del hijo de Mircea el Viejo, y Drácula. Bram Stoker se mostraba satisfecho con el título de “El Conde Drácula”.

En los años 60 y 70 del pasado siglo, algunos de los lectores de su libro cuando viajaban a Rumanía preguntaban sobre donde estaba el Castillo del Conde Drácula que Stoker en el libro mencionaba. La respuesta, “no lo sabemos…no lo sabemos. No sabemos a que castillo se refiere”. Más tarde, saltó la chispa y alguién, con dotes de marketing turístico y de imaginación, apuntó que el castillo al que se referían es el de Bran, ubicado a una hora en coche de Bucarest, en Transilvania.

Realmente este castillo, de estilo gótico, es el que en 1920 la ciudad de Brasov le regaló a la segunda reina rumanesa, María, por haber ayudado a la reunificación de Transilvania a las otras regiones de Rumanía.

Esta es la versión real del tema, y no otra que se debe situarla en el pabellón de lo imaginario, de lo incierto, de la leyenda, o de la invención en estado puro.

¡Colorin, colorado, este cuento del Castillo del Conde Drácula se acabado!

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Fotos: Pilar Rius




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