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¿Los vinos de Europa se están rindiendo frente a los del Nuevo Mundo?

Enric Ribera Gabandé

Recuerdo como si fuera anteayer y de esto hace diez años, cuando siendo invitado a formar parte del jurado internacional de la Coupe du Ven 1999 de Burdeos que tenía que calificar los mejores vinos tintos de la appelacion Medoc, correspondiente a la cosecha 1995, escuché por primera vez la palabra oak chips o copeaux, refiriéndose a las virutas que algunos desaprensivos (¿) bodegueros empleaban en la práctica del envejecimiento de sus vinos.

En principio, tenía dudas sobre que significaba esta palabra de oak chips. Ignorante de mí, quise escarvar entre los periodistas franceses sobre de que manera se ejercian los chips en los vinos de esta zona. La respuesta fue bastante sorprendente aunque no del todo, debido a que la picaresca siempre ha existido en la vida, y por supuesto en el campo de la enología, como no puede ser de otra forma, también.

Oak chips o copeaux-en francés- es acelerar el proceso de oxidación maderil a través del vino, lo que es lo mismo que un vino tinto, o no, según las variedades de uva con que este elaborado, pueda presentarse en el mercado con dos, tres o cuatro años de anticipación al que sería el ideal para cada categoría de producto. En pocas palabras, abaratar costes económicos de inmovilización de capital, y su consecuente transformación mucho más rápida del producto en dinero.

Entre bastidores, los periodistas –nunca los bodegueros- del anual certamen vinícola de Burdeos, se escandalizaban de esta rechazable práctica de algunos de sus vinateros. Entre críticas y rechazos a la labor de los chips, la Coupe del Medoc giró, aunque en la mente de muchos expertos del vino –no elaboradores- flotaba un hecho que se producía en una appelacion que se ha distinguido por sus buenos modales, por su modélica actuación, que le ha llevado a disfrutar de un prestigio que ha cosechado internacionalmente a lo largo de siglos.

La moneda se ha girado a la inversa en Europa y lo que venía a ser un escándalo a finales del pasado siglo, ahora es una realidad autorizada en el viejo continente. Las autoridades europeas, contra todo pronóstico, han decidido dar luz verde al empleo de las virutas de roble –oak chips-, conjuntamente con un importante número más de otras técnicas en el campo elaborador de los vinos, despreciadas hasta ahora por tener su origen en el Nuevo Mundo, y por los interrogantes que les asocian los especialistas en enología a los metodos.

Durante mucho tiempo, la tradición en Europa ha rechazado absolutamente cualquier tipo de madera –roble- que no tuviera la forma de barrica o tino.

El sector vinatero italiano, desafiando la ortodocsia elaboradora de empresas con sistemas de trabajo tradicionales, consiguió las pasadas navidades, como si fuera un regalo de Noel para los que deseaban salir de la ilegalidad productora, forzar el cambio de reglamentación de la Unión Europea. Ahora, los chips ya son legales, y no se pueden perseguir: todo lo contrario, a lo mejor quién sabe si alguna denominación de origen no los incentiva o los prima. Vámos a ver que sucede.

Lo que estoy seguro que va a conducir hacia que los estilos vinateros, o mejor dicho, los perfiles organolépticos de muchos vinos españoles, italianos, alemanes y franceses, entre otros, van a sufrir una metamorfosis en colores, olores y sabores.

Algunos de preguntan si esta puerta abierta de par en par que ha dejado la U.E. a las prácticas no puede ser un paso atrás en la permanente reivindicación de supremacía de los vinos del Viejo Mundo frente a los del Nuevo Mundo, que vienen empleando desde hace años los oak chips o copeaux. ¿Quién sabe sí Europa se está rindiendo a los píes de los vinateros de otros lares, como por ejemplo Sudáfrica, California, Australia, Chile, Argentina o Nueva Zelanda.

Lo cierto de todo, es que los cimientos de la industria vinatera se están moviendo. ¿Vámos a ver donde conduce todo esto? Tiempo al tiempo, que éste, da y quita la razón, infaliblemente.

Enric Ribera Gabandé
E.mail: riberaenric@telefonica.net
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